Los personajes

HEAVEN, TEXAS

 

 
Bobby Tom Denton
Ese era Bobby Tom Denton. Santo Dios.
 
Era la personificación de cada hombre con el que había soñado alguna vez; Todos los chicos del colegio que la habían ignorado, todos los jovencitos que nunca recordaron su nombre, todos los hombres atractivos que habían elogiado su madurez pero que nunca habían pensado en invitarla a salir. Él era una brillante criatura sobrehumana que debía haber sido puesta sobre la tierra por algún Dios perverso, para recordarles a las mujeres feas como ella que algunas cosas eran inalcanzables.
 
Sabía por las fotos que había visto, que su sombrero vaquero ocultaba un cabello rubio y grueso y que el ala del sombrero escondía unos ojos color azul medianoche. A diferencia de ella, sus pómulos podrían haber sido cincelados por un escultor renacentista. Tenía la nariz firme y recta, la mandíbula fuerte y una boca que debería de venir con una etiqueta de advertencia. Era completa y soberanamente masculino, y mientras lo miraba, sintió el mismo deseo penetrante que experimentaba en las cálidas noches de verano cuando yacía sobre la hierba con los ojos clavados en las estrellas. Él brillaba intensamente, y era totalmente inalcanzable.
 


 
Gracie Snow
Desciendes de una larga serie de mujeres feas, Gracie Snow. Acepta que nunca serás guapa y vivirás bastante más feliz.
 
Era de altura mediana, ni lo suficientemente baja como para ser graciosa, ni lo suficientemente alta para resultar esbelta. Aunque no estaba precisamente plana, se encontraba en el nivel más cercano. Sus ojos no eran ni ardientemente castaños ni chispeantemente azules, sino de un gris de difícil descripción. Su boca era demasiado ancha, su barbilla demasiado terca. Ni se molestaba en agradecer su piel clara, pues montones de pecas se esparcían sobre su nariz, ni tampoco que ésta última fuera pequeña y recta. Lo que hacía era concentrarse en los dones que Dios le había dado: inteligencia, extraño sentido del humor e insaciable interés por todos los aspectos de la condición humana. Se decía a sí misma que la fuerza de carácter era más importante que cualquier tipo de belleza y sólo cuando estaba más deprimida en casa deseaba poder cambiar un poco de integridad, una pizca de virtud o parte de sus dotes organizativas por una talla más de sujetador.
 


 
 
Suzy Denton
 
Gracie reconoció al conductor, era la rubia que había visto abrazada a Bobby Tom algunas horas antes. Era mayor de lo que había pensado, algo más de cuarenta años. Parecía rica y sofisticada, del tipo que bebía agua de vichy entre los partidos de tenis del club de campo y dormía con un receptor cuando su marido estaba de viaje. Gracie no quería tener que tratar con otra de las mujeres Bobby Tom, pero estaba demasiado acalorada y cansada para negarse.
 
A excepción de una alianza, las manos de la mujer estaban libres de joyas, pero unos enormes diamantes del tamaño de guisantes brillaban intensamente en los lóbulos de sus orejas. Llevaba el suave pelo peinado a lo paje, el estilo preferido de las ricas y un cinturón dorado cinchaba holgadamente un traje de chaqueta blanco. Era delgada y hermosa y las débiles arruguitas de los ojos únicamente la hacían parecer más sofisticada. Gracie nunca se había sentido más desaliñada.
 


 
Way Sawyer
 
Era un hombre grande, no tan como alto como Bobby Tom, pero sólido y rudo. A los cincuenta y cuatro años, su cara era atractiva, pero demasiado ruda para ser clásicamente guapo. Su pelo oscuro y tieso estaba muy corto y salpicado de gris, pero la línea del pelo no se había retirado. Era como si Sawyer hubiera puesto un límite invisible en su cuero cabelludo y hubiera desafiado a su pelo a traspasarlo.
 
Way Sawyer había sido un chico pobre e ilegítimo del lado malo de Telarosa. Cuando era un jovencito, había acabado en la cárcel por todo tipo de robos o peleas. La marina le había proporcionado disciplina y educación y cuando se había licenciado, había sacado un título en ingeniería. Después de graduarse, había ido a Boston, donde, con una combinación de inteligencia e implacabilidad, había ascendido en la industria emergente de los ordenadores, haciendo su primer millón a los treinta y cinco años. Se había casado, había tenido una hija y luego se había divorciado.


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