Un Novio por San Valentín

Este es el único cuento que ha escrito SEP. Originalmente fue publicado por la revista Waldenbooks junto con la entrega de FIRST LADY. Recordareís a Toni DeLucca y Jason Williams, los agentes que rastrean a la Primera Dama, Cornelia Case. Espero que disfruteís de esta lectura y de volver a tener noticias de ellos.

UN NOVIO POR SAN VALENTÍN

MY SECRET SERVICE VALENTINE

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Susan Elizabeth Phillips

—Mamá, ¿cómo puedes hacerme esto? —exclamó Callie DeLucca al teléfono.aquí puedes hacerlo.

—Es el día de San Valentín, y no quiero que estés sola, —respondió Toni, su madre, desde su oficina en Washington, D.C., a casi cinco mil kilómetros del diminuto apartamento de Callie en San Francisco

Callie rechinó los dientes.

—¡No estoy sola! Tengo a DeCaprio.

—¡DeCaprio es un hamster!

—¡Exactamente! Nunca se deja levantada la tapa del water, odia los deportes, y no come carne. ¿Qué más puede desear una mujer?

Escuchó un suspiro por la línea telefónica.

—Sinceramente, Callie, con esa actitud hacía los hombres, me resulta difícil entender que seas hija mía.

Callie lo entendía perfectamente. Su madre, Toni DeLucca, era una de las primeras agentes femeninas del FBI a nivel nacional y toda una leyenda… su fama había crecido durante la búsqueda de Cornelia Case, la Primera Dama de la nación cuándo estuvo desaparecida. Callie, era una arpista vegetariana que amaba los animales y complementaba los ingresos de sus conciertos dando clases de música.

—Cariño no querrás estar sola el día de San Valentín. Es tu fiesta favorita.

Callie se ablandó.

—También la tuya, mamá. —Recordó los asimétricos pasteles rosados que preparaban juntas, y las tarjetas de San Valentín hechas a mano que colgaban por la casa. Como una madre soltera, Toni creía en la importancia de la tradición.

—Han trasladado a Jason a San Francisco, y te va a encantar—continuó su madre. —Realmente es tu tipo.

—Oh, sí… —dijo Callie sarcásticamente—. Un agente del FBI con el pelo corto y un arma. Por si no lo recuerdas, me gustan los poetas, artistas, músicos… resumiendo, hombres que no llevan un Smith & Wesson Modelo10.

—Francamente, Callie, hace años que no usamos el Modelo10.

Callie puso los ojos en blanco.

—Creía que estábamos de acuerdo en que no ibas a meterte en mi vida amorosa.

—Tú lo creías. Yo no dije una palabra.

—Voy a matarte por esto.

—Eres pacifista, ¿recuerdas? ¿Dónde me equivoqué?

—Tal vez fue aquella metralleta de juguete que me regalaste cuando tenía dos años.

—¿Como iba a pensar que te convertirías en un caso perdido? —Callie se rió. Su madre era una pesada, pero la quería. Callie también tenía preparada una sorpresa, pero Toni habló primero.

—Se amable con Jason cuando llegue. Es muy sensible.

—Sí, seguro. Será por culpa de todas esas horas de soledad perfeccionando el tiro.

—Cariño, tengo que irme, —dijo su madre alegremente—. Una clase de repaso sobre el robo de identidad.

—Espera un… —pero Toni ya había colgado.

Sírvete tú misma, mamá, pensó Callie cuando colgó de golpe el teléfono. ¡No te he contado mi sorpresa!

Miró los carteles funky de su apartamento y el mobiliario de tercera mano complementado con cojines de alegres colores. La jaula de DeCaprio estaba entre un bosque de plantas de interior para que no se sintiera solo dentro de casa. Sonó un golpe. Callie gimió, y automáticamente deslizó los dedos por su pelo castaño rizado, sólo para detenerse. No había necesidad de acicalarse para el Hombre del FBI, ya que tenía intención de deshacerse de él lo más pronto posible.

Cuando abrió la puerta, vio su peor pesadilla de pie al otro lado. Trajeado, pelo muy corto, un tipo duro. Y muy guapo…

—Hola, soy Jason.

—Oh, Callie… —Se quedó mirando fijamente un par de fabulosos ojos azules, su chaqueta, la camisa de Oxford, y mocasines de borla. ¡Parecía un Ken! Y ella una Barbie Hippie con pendientes de plata, vaqueros, y un top de algodón indio.

Ella sonrió tímidamente

—Lo siento, Jason, pero no creo que esto sea buena idea. Mi madre llamó hace escasamente unos minutos, yo realmente no esperaba a nadie, y…

Él sonrió abiertamente.

—No puedo desobedecer órdenes. Se supone que debo acompañarte para que no estés sola el Día de San Valentín.

Callie se tensó, pero antes de que pudiera decirle al Hombre del FBI dónde podía meterse su caridad, él se estremeció.

—Tu madre me aterroriza. —Otra de esas sonrisas conmovedoras. La dejó casi sin aliento, y aprovechó para pasar a su lado y entrar—. Temía que fueses como ella. No me entiendas mal. Es una gran mujer, y la mejor agente con la que he trabajado, pero es un poco difícil relajarse cuando está alrededor.— Callie sabía lo que quería decir. Él estudió su apartamento—. Bonito sitio.

¿Cuándo se había sentido tal imbécil ante unos hombros anchos? ¿Y unas sonrisas asombrosas? Para el carro…

—Para no hacerte perder el tiempo, Jason, debes saber que soy arpista, vegetariana, defensora de los derechos de los animales, y pacifista.

—¿De verdad? —Sus ojos azules brillaron con algo cercano a la admiración.

—Por eso Toni ha decidido unirnos. Sabe que tenemos mucho en común.

—¿Tenemos? —gritó.

Él hablo con astucia.

—Ya que has crecido rodeada de agentes federales, eres lo bastante inteligente para no estereotiparnos.

—¿Quién yo? —tragó saliva—. No pensaba en eso.

Él hizo una mueca, y ella supo que tenía razón. Su sonrisa se desvaneció cuándo descubrió a DiCaprio.

—La mayoría de la gente que lucha por los derechos de los animales, no soportan que vivan enjaulados.

—Yo tampoco. Tuve que liberarle del dueño de una horrible tienda de animales. DiCaprio es cojo.

—Yo lo hice una vez. El último que he recogido es Corky, un golden retriever medio ciego.

El calor de un flechazo de San Valentín comenzó a extenderse dentro de Callie.

—¿Puedo ofrecerte una cerveza?

—No me gusta el alcohol. ¿Tienes té de hierbas? —Esta vez fue Callie la que sonrió.

Jason y ella estaban tan ocupados con su flechazo esa tarde que olvidó completamente la sorpresa de San Valentín que había enviado a su madre. Por eso, Toni DeLucca no estaba preparada para el escultor de cabello rizado, facciones duras, de cincuenta y cuatro años, vestido con vaqueros y camisa de franela que apareció en el umbral de su puerta.

Las comisuras de sus ojos se arrugaron cuando sonrió.

—Vivía en San Francisco, en el mismo edificio que tu hija, antes de trasladarme aquí. Una chica muy agradable, pero un poco locuela. Me dijo que podrías indicarme donde hay un buen restaurante de bistecs por aquí. Ah… y me pidió que te entregase esto. —Se inclinó y le dio un beso en la mejilla —. Feliz día de San Valentín.

FIN

Si quieres leer esta historia corta en versión original,

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