Antología

 

ANTOLOGÍA DE

FANCY PANTS

 

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-Francesca, mi querubín, tienes estar contenta de que yo no sea tu padre, porque si lo fuera, te encerraría en un armario oscuro y no te sacaría hasta que estuvieras momificada.

Unas lágrimas genuinas salieron de los ojos de Francesca.

-Te odio -gimoteó mientras le daba una patada en la espinilla. Varian se levantó con un gruñido.

La puerta de Corfú se abrió de repente.

-¡Es demasiado pedir que a un hombre viejo le permitan dormir en paz! -el gruñido del Señor Winston Churchill llenó el corredor-. ¿Podría realizar usted sus negocios en otra parte, Sr. Varian? ¡Y usted, señorita, vayase a la cama inmediatamente o nuestro juego de naipes está anulado para mañana!

Francesca correteó hacía Lesbos sin una palabra de protesta. Si no podía tener un papá, por lo menos podía tener un abuelo.

Cap.2 de “Fancy Pants”

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-Supongo que no tendrás un ejemplar del Golf Digest mezclado con toda esa mierda.

-Sabes que nunca leo ese tipo de revistas.

Skeet siguió ojeando las páginas del Enquirer.

-¿Quieres oír algo de Jackie Kennedy o de Burt Reynolds?

Dallie gimió, y empezó a manipular el dial de la radio. No era un hombre de piedra, y por el bien de Skeet, trató de sintonizar una emisora del oeste del pais ahora que todavía podía. Seguramente saldría Kris Kristofferson, que también se había vendido a Hollywood, así que mejor ponía las noticias.

Cap. 3 de “Fancy Pants”

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-Perdone, Sr. Beaudine -la azafata de buen ver de Delta se paró junto al asiento del Dallie-. ¿Le importaría firmarme un autógrafo para mi sobrino? Juega en su equipo del golf del colegio. Se llama Matthew, y es un gran aficionado suyo.

Dallie miró el escote con una sonrisa apreciativa y la miró a la cara, que no era tan bonita como el resto, pero aún tenía cierto encanto.

-Estaré encantado -dijo, tomando el bloc y el boli que ella le ofrecía-. Espero que él juegue mejor que yo últimamente.

-El copiloto me ha comentado que tuviste ciertos problemas en Firestone hace unas semanas .

-Cielo, yo inventé los problema en Firestone.

Ella se rió apreciativamente y luego bajó la voz de modo que sólo él pudiera oírla.

-Apuesto que has inventado problemas en muchos sitios además de los campos de golf.

-Hago todo lo posible -le dedicó una sonrisa lenta.

-Podías llamarme y vernos la próxima vez que estés en Los Angeles, ¿de acuerdo? -garabateó algo en el bloc que él le había devuelto, arrancó la hoja, y se la dió con otra sonrisa.

Cuando se marchó, él metió el papel en el bolsillo de sus vaqueros junto a otra notita que la chica del mostrador de Avis había metido ella al devolver el coche de alquiler en L.A.

Skeet gruñó en él asiento junto a la ventana.

-Te apuesto lo que quieras que ni siquiera tiene un sobrino, y si lo tiene, seguro que no sabe ni quién eres.

Capitulo 5 de “Fancy Pants”

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Dallie empujó su taza de café y cogió la cuenta.

-¿Me das un par de uppers (pastillas), vale?

-Vamos, Dallie, pensaba que ya habías dejado eso.

-¿Quieres que esté despierto hoy en el campo, o no?

-Quiero que permanezcas despierto en el campo, pero no como lo estás haciendo últimamente.

-¡Deja de sermonearme y dáme las jodidas pastillas!

Skeet sacudió la cabeza e hizo lo que le pedía, sacando del bolsillo las pastillas y poniéndolas encima de la mesa. Dallie las cogió con rabia. Mientras se las tragaba, no pensaba en la irónica contradicción que había entre el cuidado con el que trataba su cuerpo de atleta y el abuso al que lo sometía por las tardes, bebiendo y con la farmacia ambulante que hacía llevar a Skeet.

En este momento, no le importaba nada. Dallie miró al dinero que había tirado sobre la mesa. Cuándo nacías un Beaudine, estabas predestinado a no llegar a viejo.

Capitulo 6 de “Fancy Pants”

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El conductor paró el coche y se volvió hacia ella. Tenía un pin grande y redondo del Bicentenario Americano, puesto en el cuello de su camisa marrón de trabajo. Leyó “1776-1976” arriba, con “AMERICA” y ” TIERRA DE LA OPORTUNIDAD” en el centro y abajo. Francesca había visto los signos del Bicentenario Americano por todas partes desde que llegó al aeropuerto JFK.

Los quioscos de souvenirs estaban llenos de chapas de recuerdo como esa, y estatuas de la libertad de plástico baratas. Cuándo pasaron por Gulfport, vió bocas de incendio pintadas como milicianos revolucionarios de la guerra. A alguien que venía de un país tan viejo como Inglaterra, todo esto de celebrar unos míseros doscientos años le parecía excesivo.

Capitulo 6 de “Fancy Pants”

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-¡Colmillos! -gritó Francesca-. ¿Por qué tiene que llevar Fletcher colmillos?

Sally llevaba en la mano los odiosos objetos de marfil.

-Es un vampiro, dulzura. ¿Qué esperas que lleve… un TANGA?

Francesca se sentía como si estuviera en alguna horrible pesadilla. Alejándose de Fletcher Hall, se encaró con Byron.

-Me has mentido! -gritó-. ¿Por qué no me dijiste que esto era una pelicula de vampiros? Esto es lo más miserable, y más podrido… Dios mío, te demandaré; te demandaré y te quitare lo que has ganado en tu ridícula vida. ¡Si piensas por un momento que permitiré que mi nombre aparezca en…en..

No podía decir la palabra otra vez, no podía, ¡absolutamente, no! Una imagen de Marisa Berenson llenó su mente, una exquisita Marisa estaba enterándose de lo sucedido a la pobrecilla Francesca Day, y riéndose hasta que arroyos de lágrimas hicieran surcos en sus mejillas de alabastro.

Capitulo 7 de “Fancy Pants”

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