Antología.

 

ESTE CORAZÓN MÍO /  THIS HEART OF MINE


 

 

 

“-¡Qué pequeñajo!, ¿me has echado de menos? -dijo Molly dejando el correo para darle un beso a Roo en su suave moño gris. Roo correspondió lamiéndole la barbilla, y luego se puso en cuclillas para emitir su mejor gruñido.

-Sí, sí, estamos impresionadas, ¿verdad, Hannah?

Hannah

se rió y, mirando a Molly, le preguntó:

-Todavía le gusta fingir que es un perro policía, ¿verdad?

-El perro más duro del cuerpo. Mejor no dañemos su autoestima recordándole que es un caniche”

Pag. 27 de “Este corazón mio”


 

“Tengo derechos. Se entiende -dijo Molly arrojando las galletas a un cajón y cerrándolo de golpe. Luego estudió a Kevin: estaba tenso, nerviosísimo-. No te acuerdas de mi nombre,¿ verdad?

-Claro que me acuerdo -replicó mientras buscaba en su memoria sin obtener ningún resultado.

-Nos han presentado al menos tres veces.

-Algo totalmente innecesario, porque tengo muy buena memoria con los nombres.

-No para el mio. Lo has olvidado.

-Por supuesto que no.

Ella le miró fijamente durante un largo rato; él, sin embargo, estaba acostumbrado a actuar bajo presión, y no tuvo ningún problema en esperar a que fuera ella quien lo dijera.

-Es Daphne -le dijo.

-¿Y por qué me dices algo que ya sé? ¿Eres así de paranoica con todo el mundo, Daphne?Molly apretó los labios y murmuró algo entre dientes. Kevin habría jurado que había vuelto a oír la palabra “tejón”.

Pag. 38-39 de “Este corazón mio”


 

-¿No te han dicho nunca que eres una cotilla?

-Soy escritora. Es lo que tiene la profesión.

Tal vez era su imaginación, pero él no parecía tan inquieto como cuando se había sentado, así que decidió seguir indagando.

-Háblame de tu familia.

-No hay mucho que decir. Soy un H.P.

“¿Harto de premios”?

-¿Hombre patético?Kevin hizo una mueca y, tras apoyar las piernas en el borde de la mesilla del café, explicó:

-Hijo de un predicador.Cuarta generación, según como lo cuentes.

-Ah, sí, recuerdo haberlo leido. Cuarta generación, ¿eh?

-Mi padre era un ministro metodista, hijo de un ministro metodista, que era el nieto de uno de los antiguos jinetes metodistas que llevaron el Evangelio al salvaje oeste.

-De ahí debe venir tu sangre aventurera. Del bisabuelo jinete.

-Seguro que no viene de mi padre. Era una gran persona, pero no se puede decir que le gustase el riesgo. Era más bien un intelectualoide. Como tú -dijo sonriendo-. Sólo que más educado.

Pag. 49-50 de “Este corazón mio”

 

 


 

“…Se acercó un poco más. Sólo una miradita y se marcharia.

Kevin

estaba tumbado de costado, de espaldas a ella. El sonido de su respiración era profundo y lento. Recordó las viejas películas del Oeste en las que el pistolero se despierta con el menor ruido, e imaginó a un Kevin con el pelo aplastado apuntándole al estómago con una Colt 45.

Fingiría que era sonámbula.

Él había dejado los zapatos en el suelo , y Molly apartó uno con el pie. Hizo un ligero fru-frú con el roce de la alfombra, pero Kevin no se movió. Molly apartó la pareja, pero él siguió sin reaccionar. Había pasado el peligro de la Colt 45.

Las palmas de las manos le sudaban, y se las secó con el camisón. Entonces chocó suavemente con un extremo de la cama.

Kevin

estaba profundamente dormido.

Ahora que ya había visto que aspecto tenía cuando dormía, se marcharía.

Lo intentó, pero sus pies la llevaron al otro lado de la cama, donde podría ver su cara.”

Pag. 60-61 de “Este corazón mio”


 

En ese momento todo se enfrió dentro de Molly. “¡No! ¡Todavía no!”Molly sintió que Kevin se estremecía. Su peso la aplastó contra el colchón. Recuperó la cordura. Aunque algo tarde.Kevin se quedó inerte. Un peso muerto encima de ella. Un peso muerto e inútil.
Se había acabado. ¡Ya! Y ella ni siquiera podía culparle por ser el peor amante de la historia porque había recibido exactamente lo que se merecía. Nada en absoluto.Kevin se sacudió la cabeza para aclararse, luego se apartó de encima de ella y exclamó desde debajo de las mantas:

–¿Qué demonios estás haciendo?

La decepción había sido tan grande que Molly habría querido gritarle, aunque quería gritarse más así misma . La habian pillado de nuevo tirando de la alarma de incendios, pero ya no tenía diecisiete años. Se sintió vieja y derrotada. La humillación la quemaba por dentro.

–¿S…s…sonambulismo? -musitó.

Pag. 64 de “Este corazón mio”


 

Molly caminó de puntillas hacía la puerta del pasillo, pero Kevin reapareció antes de que pudiera llegar allí, cruzó la alfombra a la carga, la agarró de un brazo y le dió una sacudida.

–¿Sábes cuánto tiempo ha estado eso allí dentro?

¡No el tiempo suficiente! Y entonces se dio cuenta de que se refería al condón (en su neceser)

–¿Qué quieres decir?Kevin le soltó el brazo y señaló hacía el baño.

–¡Lo que quiero decir es que llevaba siglos ahí dentro, y el muy hijoputa se ha roto!

Pag. 65 de “Este corazón mio”


 

–¿Qué diablos hacias tú fisgoneando en mi neceser?

–Es que… Estaba abierto y he mirado como quien no quiere la cosa y…-Molly se aclaró la garganta-. Si era tan viejo, ¿por qué seguías llevándolo encima?

–¡Me había olvidado de el!

–Eso es un motivo estúpido.

Pag. 66 de “Este corazón mio”


 

Andrew se desembarazó del abrazo de su madre y corrió adelante para colocarse entre la novia y el novio.

-Andrew, vuelve aquí.Dan se adelantó a buscarlo, pero Kevin y Molly simultáneamente le dieron la mano para que no se moviera de donde estaba.

Y así fue como se casaron: bajo un improvisado emparrado de serpentinas de papel crepé, con un niño de cinco años plantado firmemente entre los dos y un caniche gris que observaba desafiante al novio.

Ni una sola vez se miraron Kevin y Molly, ni siquiera durante el beso, que fue seco, rápido y con la boca cerrada.Andrew miró hacia arriba e hizo una mueca.

-Rico, ñam, ñam.

-Se supone que se están besando, pequeñajo-dijo Tess desde detrás.

-¡No soy pequeñajo!

Cap. 5 de “Este corazón mio”

 


  

 

 

 

 

 

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