
La cámara enfocó a Cal, y la piel de Jodie se puso húmeda y pegajosa producto de una combinación de lujuria y resentimiento. Joder, estaba buenísimo a pesar de su edad.
Estaba parado delante de la Harley con unos pantalones vaqueros y una camiseta negra tan apretada que mostraba uno de los mejores torax del equipo. Algunos tíos estaban tan musculosos que parecía que fueran a estallar, pero Cal era perfecto. Tenía el cuello grande y musculoso, pero no era un tronco como el de algunos jugadores. Su pelo oscuro era ligeramente rizado y lo llevaba despeinado como si no se dignara a perder el tiempo peinándolo. Dinamita era así. No tenía paciencia con cosas que para él no tenían importancia.
Medía alrededor de uno noventa, era más alto que la mayoría de los quarterbacks. También era rápido, listo y tenía la habilidad telepática para leer las defensas que sólo los mejores jugadores compartían.

Ethan Bonner
Annie Glide
—Se llama Annie Glide —le dijo mientras salía—. Y cumplirá ochenta años el año que viene. Padece del corazón y tiene enfisema, pero dice que no está preparada para dejarnos. Mira como tiene las escaleras. Joder. Este lugar se está viniendo abajo.
—Seguramente tú puedes ofrecerle algún otro sitio para vivir.
La miró como si hubiera perdido la cabeza, luego se dirigió a la puerta y la golpeó con el puño.
—¡Abre, viejo murciélago, y dime por qué está la puerta cerrada!
Jane lo miró boquiabierta. ¿Ésta era la manera en que él trataba a su vieja abuelita?
La puerta se abrió y Jane clavó la vista en una mujer cargada de hombros con cabello rubio oxigenado sobresaliendo en mechones por toda su cabeza, con los labios pintados en rojo fuerte y un cigarrillo colgando de una de las esquinas de su boca.
Era exactamente igual, grande, guapo y duro, y estaba perfecto con su camisa roja de franela cayendo flojamente y las desgastadas botas de cuero. Su grueso pelo oscuro, que llevaba más largo que su hijo, tenía algunas hebras plateadas, pero no parecía mayor de cincuenta y pocos años, demasiado joven y guapo para tener un hijo de treinta y seis años.
La doctora Jane era una de esas mujeres pulcras que vestían tweed. Sus pantalones de pinzas a medida de cuadros marrones y negros y su suéter suave, de color avena parecía de cachemir. A pesar de su altura, tenía huesos pequeños, con piernas bien proporcionadas y una cintura delgada. Jodie podría sentir envidia de su figura si no fuera por el hecho de que no tenía tetas, o por lo menos no lo parecía.
Su pelo rubio con mechones más claros en distintos matices, le llegaba por la mandíbula y no era teñido. Lucía un corte conservador que Jodie hubiera dejado suelto, no retirado de su cara por un pasador de terciopelo marrón.
Se giró ligeramente y Jodie obtuvo una mejor perspectiva de su cara. Las grandes gafas de sabihonda eran una pena, escondían un bonito par de ojos verdes. También tenía una frente y una nariz decentes, ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas. Su boca era interesante, con el labio superior delgado y el inferior más grueso. Y tenía buena piel, aunque no parecía cuidarla demasiado.
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